El último día, el primero


Salvador Robles Miras

El último día, el primero narra las andanzas de un hombre cincuentón, Adrián Valle Rubio, la víspera de ser operado a vida o muerte de un tumor en el cerebro. Está divorciado, su única hija murió en un accidente de carretera, trabaja de profesor de Literatura en un instituto… Se siente un fracasado. El último día (o el primero) se dedicará a dar vueltas y vueltas por su ciudad natal. En los objetos y en la galería de personajes con los que se encontrará en su odisea peripatética, el hombre descubrirá a otro Adrián, tal vez el verdadero Adrián. 







 «Adrián creía estar solo en la vida, y lo creyó hasta que la muerte le demostró lo contrario. Una novela franca, valiente y brillante.» 

LILIANA CRISTINA GARCÍA, escritora, fundadora del blog literario «Bitácora de vuelo»


Opinión Personal


A veces los libros nos hacen pensar, preguntarnos a nosotros mismos cómo actuaríamos en el caso de vivir las aventuras  desventuras de los personajes a los que acompañamos en algunas de esas páginas que leemos, ¿Te has llegado a preguntar en alguna ocasión cómo vivirías las últimas horas de tu vida? ¿Intentarías viajar lejos? ¿Te lo pasarías amargado? ¿Vivirías lo más intensamente posible esos últimos momentos? Parece algo imposible de plantearse, sobre todo, porque casi nadie sabe qué día tiene fijado para marcharse de este mundo en el que nos ha tocado vivir. 

Adrián Valle, profesor de literatura en un instituto sí que lo sabe, o lo sospecha. Porque el doctor le ha comunicado que tiene un tumor en el cerebro, un tumor que le obligará a operarse a vida o muerte quince días después de la intensa charla con el médico en la que empezaremos a conocerle a través de sus propios pensamientos.

Un libro para preguntarnos por el sentido de la vida y para comprender que estamos menos solos de lo que solemos pensar. Una gran lectura.

A partir de ahí nace una conversación interior en la que Adrián hará un extenso repaso de su vida y de sus éxitos o fracasos, una conversación en la que se reprocha, se regaña y se pregunta por el significado de la vida. Y eso de hablarse a uno mismo suele ser complicado, porque no hay dónde ocultarse, algo que Adrián haría con gusto, aunque no sea ya posible.

Aunque no está dividido físicamente, el libro está separado en dos partes muy pronunciadas, una, más lenta y complicada de leer, a pesar de la agilidad y la buena narración con la que Salvador recorre los sentimientos, la vida y los dilemas internos de este profesor de instituto con el que, sin darnos cuenta, nos encariñaremos sin remedio. Sobre todo en la segunda parte de la novela, el último día de Adrián antes de la operación, cuando éste sale a disfrutar de su día, completamente convencido de la futilidad de la vida y de ser todo un fracasado y tiene toda una serie de encuentros fortuitos que moldearán algunos de estos funestos pensamientos y harán que las ganas de vivir de este enfermo terminal crezca exponencialmente.

Y es que todos, aunque no lo creamos, estamos menos solos de lo que creemos. Solo hay que saber mirar, pararse a disfrutar del camino y saborear cada detalle de nuestra vida, todo tiene sentido, incluso el canto enmudecido de los pájaros en la ciudad.

Un libro para mirar la vida desde otro punto de vista… lo vais a disfrutar. Una buena recomendación literaria.



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2 comentarios:

  1. Excelente reseña, Javier, un merecido reconocimiento a una novela escrita con los sentimientos. Como lo he dicho en otra oportunidad, un libro premonitorio que me pone, hoy, en la misma situación que Adrián, por eso sé que el planteo de Salvador Robles, rebasa los límites de la ficción y se adentra en las emociones del personaje en forma extraordinaria. Una obra maestra del entramado interno que nos produce la dicotomía vida-muerte.
    Imperdible.

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  2. Gracias Liliana y espero que el capítulo de tu novela continúe de la mejor de las maneras posible, por lo menos tan bien como imagino yo el capítulo no escrito de la novela de Salvador

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